Notas de Opinión

Nadie se salva solo

«Yo lo voté a Macri y no tengo ninguna ideología con los K”, es una frase que quedó resonando en mi cabeza, luego de haber visto, en vivo y en directo, allá por junio de 2018, a más 300 trabajadores despedidos de la Agencia Nacional de Noticias Télam, a manos de Hernán Lombardi y Rodolfo Pousá: “Yo lo voté a Macri y no tengo ninguna ideología con los K”. Un grito casi  desesperado, desgarrador, un pedido de auxilio de quien es abandonado, en el medio del desierto con una anchoa, sin agua y en patas.

“Yo lo voté a Macri y no tengo ninguna ideología con los K”.

Esto repetía una señora trabajadora, cincuentona, que formaba parte de aquellos despedidos, queriendo mostrar algún tipo de diferencia. Me dolió oírla, con su voz quebrada, con tono de angustia y lágrimas en los ojos diciendo: “Yo lo voté a Macri y no tengo ninguna ideología con los K”. Repetía como una autómata: “hace 22 años que trabajo en Télam, jamás hice un paro, jamás falté, tengo una foja de servicios intachable”

“Yo lo voté a Macri y no tengo ninguna ideología con los K”.

Ahí mismo, intenté comprender tanto dolor, esa desesperante situación de saberse sin trabajo en medio de una crisis tan abrumadora, ya  por aquellos días, y sentirse transformado en un paria. Me pregunté en aquel momento y, aún hoy, me lo sigo preguntando: ¿Sabe, sabía esa señora lo que estaba diciendo? ¿Se escucharía a si misma? Nunca supe más de ella, pero, esas palabras quedaron dando vueltas dentro mío hasta el día de hoy: “Yo lo voté a Macri y no tengo ninguna ideología con los K” ¿Serían palabras de  desesperanza por haberlo votado? ¿O, tal vez, la angustia de haber sido defraudada? ¿O el intento de salvarse, sola, a cualquier precio?

El poeta Héctor Negro escribió una canción, junto al cantor y compositor Carlos Cabrera, que titularon Nadie se salva solo. Y dice así:

“Nadie se salva solo en este barco / si no se salva el barco con nosotros / si nos hundimos todos en el charco / que nadie piense que se ahogarán los otros / Y si alguien flota por su propia cuenta / es porque al barco le arrancó un madero / para escaparse solo en la tormenta / y dejar en el casco un agujero…”

Héctor Negro.

La desesperación, siempre, te pone a prueba confrontando palabras con realidad. Yo también tengo trabajo, mujer, una hija y cientos de cuentas que afrontar. La realidad se vuelve obscena. Te arrodilla frente a tu verdugo. Tu verdugo te mata sin piedad. Te preguntas de qué sirvió mirar para otro lado, cuando los sufrientes eran otros. Creíste en la puta meritocracia. Y seguís rogando: “Yo lo voté a Macri y no tengo ninguna ideología con los K”.

Nunca supe más de ella. Ojalá haya sido reincorporada. Al neoliberalismo no le importa si sos K, PJ, PRO, UCR, UCD, PC, PO, PI. El Neoliberalismo te mata, te destruye, te aniquila. Hernán Lombardi se va  y, junto con él, Rodolfo Pousá, con un millón de pesos de indemnización y 320 mil de jubilación de privilegio. Seguramente, como premio por los servicios prestados a la desinformación y a la destrucción del pensamiento colectivo. Por suerte, en pocos días, comenzará un país para soñar.

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