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Machirulotango

“Esa ráfaga, el tango, esa diablura, los atareados años desafía; hecho de polvo y tiempo, el hombre dura menos que la liviana melodía, que solo es tiempo”. (Jorge Luis Borges)

Esa ráfaga, el tango, construida desde la inmigración, el mestizaje, la negritud, el criollo y el entrecruzamiento intercultural ¿Es sólo eso el tango? ¿Siempre en masculino? Creo entender que hay una cara que fue invisibilizada a través del tiempo y la distancia ¿A qué me refiero cuando planteo esta disyuntiva? Es claro, breve y sencillo: el rol de la mujer en el tango. Si bien la mujer ocupa un rol central en las primeras letras del género, como en gran parte de su construcción, no podemos dejar de destacar que ese rol fue enmarcado, en un principio, como un objeto sexual (la puta y el prostíbulo), la madre (esa viejita abnegada que lavaba ropa en el piletón), la novia (piba buena, de barrio, que sueña con el amor), la mujer malvada (esa que abandonaba a su hombre con el amigo más fiel). Pero, esto es como una verdad a medias. Y si es a medias no es verdad.

Cuando otros poetas llegaron al y para el tango, comenzaron a imprimirle otra impronta, otra relevancia, otro vuelo poético y, fundamentalmente, a la figura femenina, dejando de lado aquellos arquetipos calcados de folletines de época. Aunque, en verdad, no quiero referirme a la mujer como protagonista de una historia de tango, sino, por el contrario, quiero referirme a la mujer como protagonista de la historia del tango.

Bien es sabido que, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el tango era muy mal visto en la sociedad argentina, considerado indecente y obsceno por la iglesia católica durante décadas. Esa música plebeya tuvo que recibir la bendición del Papa Pío XI, el 1 º de febrero de 1924, en el Vaticano, quien entendió que no tenía nada de condenable.

La mujer y su protagonismo

Es el caso de María Luisa Carnelli (La Plata, 31 de enero de 1898 – Buenos Aires, 4 de mayo de 1987), poetisa, periodista, militante política y la primera mujer letrista de tango. Pero, por prejuicios propios y de la época que le tocó vivir, firmó sus obras con seudónimos masculinos (Luis Mario y Mario Castro). Contaría María Luisa: “En una ocasión, una de mis hermanas bailó un tango en una casa de familia; mi padre, al enterarse, le dio una golpiza”.Carnelli fue una mujer independiente y transgresora, no sólo en lo referente al tango: políticamente, se atrevió a adoptar la ideología izquierdista, renegando, así, de su origen burgués.

 

María Luisa Carnelli.

 

Se casó muy joven, tuvo un hijo y, al poco tiempo, se separó. En la Argentina no existía el divorcio por aquellos años. Se radicó en Buenos Aires y se ganó la vida como periodista. Sus artículos fueron publicados en diarios y revistas de la época, como Crítica, Noticias Gráficas, Clarín, La Nación, El Hogar, Caras y Caretas, Fray Mocho, Atlántida y otras. El periodista Enrique González Tuñón, que escribía para el diario Crítica su columna sobre tangos, la relacionó con lo que se llamaba el ambiente.

En 1922, a los 24 años de edad, publicó su primer libro de poemas, titulado Versos de mujer. ​Dos años después, publicó el segundo: Rama frágil. En 1927, el poeta Carlos Muñoz, más conocido como Carlos de la Púa o el Malevo Muñoz, debía hacerle una letra a un tango de Julio De Caro. Justamente, su título era El malevo, pero, como no escribía letras de tango se lo pasó a Enrique González Tuñón y como este tampoco escribía poemas,  se lo pasó a María Luisa, que en esa época era su pareja. Muñoz omitió transmitirle esta información a Julio De Caro: “Lamentablemente, De Caro en sus memorias da como autor a Muñoz, pero la letra la escribí yo”, contaba María Luisa Carnelli en un posterior reportaje. La cantante Rosita Quiroga grabó ese tango el 16 de marzo de 1928.​

 

Rosita Quiroga.

 

“Yo fui una muchacha de familia burguesa con ambiciones literarias a quien le resultaba realmente incongruente escribir tangos lunfardos. Mi padre jamás supo que yo los escribía. Él no quería que yo fuera demasiado libre”.

También le puso letra a Moulin Rouge, de Francisco De Caro, que la orquesta grabó tres veces, siempre, sin canto. Y a Primera agua, cuyo estribillo estuvo a cargo de Félix Gutiérrez, en su única intervención en este conjunto. Como Luis Mario, su otro seudónimo, escribió la letra Dos lunares, de Francisco De Caro, que, también, se grabó instrumental. Hacia 1929, con Edgardo Donato, compuso Se va la vida. “Como en aquel momento casi todos los tangos llevaban letras lunfardas y yo ya conocía ese lenguaje por mis hermanos y por el ambiente periodístico que frecuentaba, tenía que usarlo. En ocasión de un homenaje a Filiberto, se sentó a mi lado mi colega Last Reason. En dicha reunión, la orquesta invitada tocó Se va la vida. Entonces, Reason comentó que era un tango realmente lindo, a excepción de la letra. Se despachó a gusto en contra de la misma, hasta que, finalmente, le dije que era mía ¡Hay que ver el mal momento que le hice pasar! Ese tango se impuso en España, llevado por Azucena Maizani. Allá gustó mucho, a tal punto que Manuel Pizarro me comentó que los tangos que más solicitaban eran La cumparsita, Adiós muchachos y Se va la vida.

Azucena Maizani.

 

“Escribí cuentos y poemas, viajé por 24 países; fui corresponsal para un diario argentino desde España durante la guerra civil. Escribí letras de tango porque sobreviven más, por su popularidad y porque con la letra de Cuando llora la milonga, de Filiberto, gané más que publicando ocho libros”.

Carnelli escribió muchas letras de tango: Pa’l cambalache (con Rafael Rossi), grabado por Carlos Gardel. La naranja nació verde, con el mismo músico. Dieciocho kilates y Quiero papita, con Ernesto Ponzio, el último registrado por la Orquesta Típica Víctor, con Alberto Gómez. La misma orquesta, con Luis Díaz, le grabó ¡Cómo me gusta!, con música de Ascanio Donato. Para Juan de Dios Filiberto escribió la letra de Linyera y de Azul de cielo. Para Luis Teisseire hizo Mano santa y la milonga Luna roja. También es la autora de El taura, Avellaneda, ¿De quién es eso?, Tardes pampeanas, entre otras.

Existían rumores, por aquellos años, para restarle importancia como letrista mujer, que sus letras más populares no las había escrito ella sino Enrique González Tuñón.

“La actividad más importante que un ser humano puede lograr es aprender para entender, porque entender es ser libre”. (Baruch Spinoza)

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