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¿Literatura Argentina o literaturas argentinas?

Las idas y venidas de los proyectos y modelos políticos, económicos y culturales que implica la llegada de un nuevo Gobierno al poder en nuestro país y las relaciones que mantiene con los poderes fácticos de su momento histórico, plantean diferentes modos de posicionarse frente a la cultura o las culturas que viven en nuestro territorio y su relación con las extranjeras. Dentro del abanico de posibilidades que se sucedieron, hasta la fecha, en el país, podemos dividir los diversos proyectos de Gobierno en dos tendencias: en un extremo, están los que postulan que nuestra cultura debe ser una imitación o un apéndice de la cultura de las grandes potencias económicas mundiales de turno; del otro extremo, están los que piensan que nuestros pueblos deben desarrollar su cultura o sus culturas, de acuerdo a sus tradiciones populares, su geografía, sus costumbres, su modo de vida y pensamiento, etc. Entre medio se dan las más variadas y vistosas mezclas y combinaciones. Como rasgos negativos de las dos tendencias, podemos decir que: el primer extremo, produce un desmedro de las culturas de cada pueblo y tiene un alto grado de colonización cultural, por parte de culturas extranjeras; y, el segundo extremo, impide, en varias ocasiones, el libre contacto y enriquecimiento con otras culturas.

Este es un problema complejo, con una larga historia, innumerables páginas de debate al respecto y que tiene como eje al poder. Por eso, uno de sus puntos centrales está ligado a la lengua (o lenguas) nacional (nacionales). Bien sabido es que el pueblo que se impone sobre los otros, les impone, asimismo, su lengua. Que, al crear un Estado Nacional, pasa a ser el idioma nacional. Y, las otras lenguas, serán denominadas dialectos. Así lo hizo el invasor español sobre los pueblos de nuestro continente, siguiendo, al pie de la letra, la directiva lanzada por Antonio de Nebrija. Quien, al dedicar su Gramática de la lengua castellana a la reina de España, escribió: “que siempre la lengua fue compañera del imperio”. Como había ocurrido en España con las otras lenguas de la península ibérica (gallego, catalán, vasco, etc.), prohibidas y perseguidas por el imperio español, en nuestro continente, dicho imperio impuso su lengua sobre las demás: náhuatl, quechua, maya, wichí, etc.

Otra de sus aristas, tiene que ver con la creación, circulación y consumo de los bienes y servicios culturales y, claro está, la denominada industria cultural. Ya que, poniendo el ejemplo de la industria editorial, quién posee el control sobre la industria cultural, decide qué libros se publican, en qué tiradas, cuál es su precio, cuáles libros se distribuyen y cómo lo hacen, qué libros se publicitan, etc. De este modo, controlan el acceso del pueblo a un bien cultural esencial: el libro. Por lo cual, es tan importante tener en cuenta y analizar cuál es el proyecto de cada Gobierno Nacional que llega a la Casa Rosada en torno a la Industria Cultural y qué consecuencias produce para la cultura o culturas de nuestro país.

Pasando, ahora, al tema de lo que se suele denominar la literatura argentina, tenemos que comenzar diciendo que debería hablarse de literaturas argentinas. Con lo cual, se estaría más acorde con las realidades culturales que existen en nuestro territorio. Históricamente, se ha llamado Literatura Argentina a aquella literatura escrita en castellano y, principalmente, en el castellano rioplatense, el que se habla y escribe, sobre todo, en Buenos Aires. Esto estuvo ligado a que Buenos Aires, la ciudad-puerto, siempre, fue la más poderosa y la que impuso sus parámetros culturales a las demás regiones del país. Pero, ¿qué pasa con las literaturas en otras lenguas, sin importar si son orales, que existen en la Argentina?: quichua, guaraní, mapudungun, etc. Y, ¿qué ocurre con las literaturas en otros castellanos que no sean el rioplatense? Son fuertemente invisivilizadas y discriminadas por quienes manejan la industria cultural y el sistema educativo. Dado que, en las instituciones educativas, y esto ocurre particularmente en el nivel universitario, las literaturas argentinas suelen reducirse a aquella escrita en el castellano rioplatense. Esto contribuye, altamente, a la colonización cultural de nuestro país por parte de las potencias culturales y sus grupos económicos transnacionales, y al desmedro de las literaturas de nuestros pueblos. También, produce una desvinculación, cada vez más prolongada, de nuestras literaturas con las literaturas que se producen en la región: Sudamérica. Por este motivo, ocurre que nos son más conocidos/as los/as escritores/as yanquis, ingleses/as, japoneses, etc., que aquellos/as del Paraguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Brasil, etc. Finalmente, esto lleva a que se produzca una sobrevaloración de las culturas de las grandes potencias económicas y sus grupos económicos y una minimización de nuestras propias culturas, por los mismos habitantes de nuestro país. Lo que conduce a  que vivamos en nuestro territorio “una cultura diferente”, no las nuestras, nuestras culturas. En plural, porque plural es el destino del ser humano.

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