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Lamento mundial

Fácil sería titular este texto bajo el título de aquella canción de Los Enanitos Verdes: Lamento Boliviano. Pero, realmente, lo que sucede hoy en la República Plurinacional de Bolivia debería ser un lamento mundial. No sólo por la interrupción de la democracia que significó el Golpe de Estado, llevado a cabo el 10 de noviembre de 2019, contra el presidente Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera. Sino, por todo lo que desencadenó una vez que los funcionarios se exiliaron en México, para preservar su integridad física.

Las elecciones, llevadas a cabo el 20 de octubre de este año, dieron, al día siguiente, como ganador a Evo Morales. Quien debía comenzar su cuarto mandato, justamente, el próximo año. Sin embargo, desde mucho antes, quizás, desde que asumió su primer mandato, ya se venía gestando este golpe. Basta recordar que, en 2008, hubo un intento de derrocamiento, frenado por la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), que el gobierno de Mauricio Macri, presidente de Argentina, Jair Bolsonaro, de Brasil, Federico Piñera, de Chile, y Lenin Moreno, de Ecuador, desarmaron completamente, ni bien tuvieron oportunidad.

Ese intento de destitución a Evo Morales en 2008, tuvo la participación indispensable de Estados Unidos, como revelarían, años más tarde, los cables de Wikileaks, en lo que se llamó Bolivia en la mira. Bien hizo entonces, el presidente, en romper relaciones con el país norteamericano y eliminar la embajada de Estados Unidos de su país. Sin embargo, los golpistas quedaron, los aliados quedaron y cual cazador oculto, esperaron la distracción y la debilidad de su presa para atacar nuevamente.

Nueve días pasaron del Golpe de Estado y con la autoproclamada presidenta, Jeanine Áñez, quien llegó al poder con la Biblia en una mano y un fusil oculto en la otra, ya se mostraron los vestigios de una nueva inquisición. Cabe destacar que Áñez era la vicepresidenta segunda, representante de la oposición a Evo Morales y representante, también, de una casta blanca pura y aria, digna de las épocas más oscuras de la Alemania del Tercer Reich. Áñez no tuvo mayoría parlamentaria para contraer los atributos presidenciales, no tuvo quorum siquiera para llevar a cabo la Asamblea Legislativa que la nombró presidenta y, tampoco, el voto del pueblo.

 

Evo Morales y García Linera.

 

A esto se suma la exclusión del MAS (Movimiento Al Socialismo), partido de Evo Morales, la persecución de sus funcionarios y parlamentarios y las renuncias obligadas a punta de pistola. Asimismo, la auténtica presidenta del senado y por ende candidata a tomar la presidencia o llamar a elecciones, Adriana Salvatierra, no pudo acceder al parlamento para sesionar, golpeada y excluida por la policía, fuerza vital para que el Golpe se lleve a cabo.

En estos nueve días, desde que Evo Morales y García Linera se exiliaron, Áñez se dedicó a perseguir a la prensa que no legitima su mandato como constitucional. Al punto de declarar la sedición de aquellos periodistas que no se apeguen al informe oficial, que informen algo que refiera a una dictadura, a un gobierno irregular, como mínimo, y dio la orden de que se encarcele a aquellos trabajadores de prensa que promulguen estas verdades.

Sin embargo, lo peor llegó en estas últimas horas. Tanques en las calles, la milicia recorriendo los barrios, la cacería comenzó, los muertos varían según la poca información que se conoce, pero, se dicen entre 18 y 28 personas, más centenares de heridos y eso en algunos de los barrios donde la prensa se pudo mantener activa. La policía y los militares salen por la noche, una vez que se oculta el sol y matan gente, así como sucede en la patria hermana de Chile. Esta masacre parece no tener final.

Los organismos de Derechos Humanos aún no han tomado cartas en el asunto. Uno se pregunta: ¿cuánta sangre más debe correr? ¿Quién tiene tanto poder para apoyar a Áñez sin que intervenga la OEA (Organización de los Estados Americanos), ni las Naciones Unidas? La respuesta es obvia… ¿No? La OEA, partícipe indispensable del Golpe, con su director Luis Almagro. Las Naciones Unidas, con Michel Bachelet, quien hizo un informe sobre los padecimientos de Venezuela, pero, no tuvo la misma vara para su propia patria chilena, ni para lo que sucede hoy en Bolivia. Todos actores y actrices que omiten el derrame de sangre indígena que, hoy, ocurre a escasos metros de la frontera con la Argentina.

El único consuelo que queda ante semejante aberración a los Derechos Humanos es la postura tomada por el electo presidente de la Argentina, Alberto Fernández, y el presidente en funciones de México, Manuel López Obrador, quienes trabajaron día y noche para asegurar el resguardo de la vida de Evo Morales, García Linera y quienes partieron a México con ellos. Pero quienes seguro, hoy, tanto como los propios bolivianos, padecen, como nosotros, la impotencia de no poder hacer nada, ante tanta violencia, ante tal masacre.

El pueblo boliviano resiste. Ya fueron por sus derechos, van por sus vidas, saben que no tienen nada más por perder. La lucha está librada y la resistencia en marcha. Sin dudas, esto se resume con la frase de Roger Waters, músico y fundador de Pink Floyd: “Evo, que tu exilio sea corto, tu pueblo te necesita, su democracia también”.

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