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La Orquesta Sinfónica Nacional en la búsqueda de su futuro

«Con la creación de ese gran conjunto podrá disponerse del instrumento que constituya el diapasón de universal resonancia que nuestra música requiere y brinde, a la vez, el medio más eficaz de educación artística del pueblo”, con este texto nace, en 1948, por un decreto del presidente Juan Domingo Perón, la Orquesta Sinfónica del Estado, actual Orquesta Sinfónica Nacional. El 30 de noviembre de 1949, la Orquesta ofrece su primer concierto en la sala del Teatro Colón, la que fuera su primera sede hasta 1955, ya que, durante la Revolución Libertadora es echada del “primer coliseo”, por orden de su  polémico interventor: Jorge D’Urbano. Desde entonces, la Orquesta comienza un largo peregrinaje de 60 años por diferentes ámbitos, poco apropiados para su actividad, hasta que, en la emocionante noche del 24 de Mayo de 2015, realiza su concierto inaugural en la Ballena Azul (hoy Auditorio Nacional) del  Centro Cultural Néstor Kirchner, la única sala pensada, específicamente, para la producción de música sinfónica que posee el Estado Nacional y concebida, desde su origen, como sede para la Orquesta Sinfónica Nacional, un orgullo nacional que nos dejaron los gobiernos de Néstor  Kirchner y Cristina Fernández.

Como podemos ver, las vicisitudes de la Orquesta Sinfónica Nacional están íntimamente relacionadas a los procesos políticos del país y, como también es lógico, no podían ser inmunes a las políticas económicas  que vivió la Argentina en los últimos 4 años. Con sólo mencionar que el presupuesto para la orquesta, en 2018, fue de ocho millones de pesos y que el Secretario de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, intentó destinar menos de un millón para el presupuesto 2019, nos damos cuenta cuál fue su política cultural: de ajuste y sub ejecución presupuestaria.

Las políticas culturales implementadas por la gestión Avelluto produjeron, entre otras cosas, que no se realicen giras nacionales. Lo cual debería ser uno de los principales objetivos de una orquesta nacional y una invalorable herramienta para la federalización cultural, sobre todo, si esta actividad se desarrolla en ciudades que no poseen organismos orquestales propios. Tampoco se pudo lograr la televisación de los conciertos a todo el país, lo cual es inadmisible, sobre todo, teniendo en cuenta lo fácil que sería lograr esto, ya que la sala del CCK, donde la orquesta desarrolla casi toda su actividad, depende del Sistema Federal de Medios Públicos, cuyo principal objetivo es la generación de contenidos culturales. Infinidad de veces hemos insistido a cada funcionario que nos escuchó lo beneficioso que sería para todos la firma de un convenio en tal sentido.

Evidentemente. ante este panorama general de desidia hacia la producción cultural que tuvo la actual gestión, de constante ajuste presupuestario y de sub-ejecución del presupuesto aprobado, el tema salarial no podía quedar ajeno. En la actualidad, la Orquesta Sinfónica Nacional es la orquesta con el salario más bajo del país. Muchos integrantes, inclusive con salarios por debajo del límite de la pobreza. Esto está produciendo un verdadero vaciamiento artístico del organismo. En estos años de gestión macrista, hemos perdido a valiosísimos integrantes, que se fueron a otras orquestas donde, en algunos casos, duplicarán su salario.

Como si todo esto fuera poco, antes de irse y a modo de triste corolario, la actual gestión ha decidido otorgarle adicionales salariales a otros organismos artísticos dependientes de la propia Secretaria de Cultura de la Nación, como “incentivo a la producción, iniciativa o méritos relevantes”, constituyendo un acto claramente discriminatorio hacia la Orquesta Sinfónica Nacional, que no ha recibido ningún adicional. La discriminación se hace más evidente si tenemos en cuenta que, la Orquesta Sinfónica Nacional, acaba de ganar el premio Konex de platino 2019, como la orquesta argentina más destacada de la última década.

Fueron años muy duros, donde sólo la constante movilización y compromiso artístico de los músicos, el invalorable apoyo de muchos Diputados Nacionales, sobre todo, del Diputado Daniel Filmus, presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados de la Nación, y el apoyo incondicional del público, hizo que la Orquesta pueda seguir adelante con su actividad.

Auguramos un futuro promisorio y es eso lo que nos alienta a seguir adelante y a no bajar los brazos. Tenemos muchas esperanzas sembradas en el proyecto de ley del Diputado Daniel Filmus que, de ser aprobado, le daría valiosísimas herramientas a la Orquesta para su desarrollo, facilitando las gestiones administrativas del organismo, ya que, en la actualidad, el pago de los contratos de solistas, directores y músicos reemplazantes puede tardar entre seis meses y un año en cobrarse. Además, esta ley le daría a la Orquesta la posibilidad de firmar convenios con otros entes públicos o privados para la realización de producciones discográficas, audiovisuales, giras nacionales o internacionales. También, le daría participación a los músicos en las decisiones artísticas de la Orquesta, lo cual permitiría la elaboración de proyectos artísticos a largo plazo.

En los nuevos tiempos que se vislumbran y con buenas gestionas culturales, el objetivo debería ser darle a la Orquesta una impronta nueva, con una identidad propia. En los últimos años, la programación artística estuvo, casi totalmente, basada en el repertorio europeo del siglo XIX, con solistas y directores europeos o con una clara formación europea. Es necesario darle a la Orquesta mucho mayor vuelo y abrirla a mucha más producción de repertorio latinoamericano. El enriquecimiento que produciría el trabajo de intercambio con más compositores, solistas y directores latinoamericanos sería extraordinario.

Es muy importante, también, revalorizar  el trabajo social que se puede desarrollar y que creemos que, en los últimos años, fue completamente olvidado. Se debería volver a  aprovechar la enorme importancia inclusiva que tienen los conciertos en ámbitos no convencionales, como fábricas recuperadas, barrios carenciados y conciertos para públicos no habituales. También, debería ser aprovechado el gran potencial pedagógico que hay en la Orquesta, a través  de capacitaciones a orquestas infanto/juveniles y pasantías de músicos jóvenes en la Orquesta.

En definitiva, el futuro y la capacidad de desarrollo de la Orquesta Sinfónica Nacional es enorme y esperamos que, con una  nueva gestión política y cultural, estos valores se hagan realidad y logremos una Orquesta que tenga una mirada federal, latinoamericana, con mucho más contenido social y con una identidad propia del siglo XXI.


Marcelo Massun es músico y delegado de la Orquesta Sinfónica Nacional.

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