Cultura y espectáculosEducación

La narración oral es un elemento básico en la educación

El Colectivo Narradorxs Orales de Argentina es un espacio horizontal de debate permanente, abierto a todas/os las/os narradoras/os de la Argentina. Se conformó en septiembre de 2017. Nuestro principal objetivo es visibilizar la Narración Oral como disciplina artística y cultural y defender los derechos de todas/os las/os narradoras/os como trabajadoras/es de la Cultura. Asimismo, buscamos generar espacios de reflexión y debate sobre la práctica de la Narración Oral y brindar orientación, cuidado y protección a todos sus miembros.

Entre otras cosas, las/os narradoras/os sabemos, desde la práctica, hasta qué punto la narración oral, los cuentos, son fundamentales para cualquier proceso educativo. La oralidad, en tanto arte y como herramienta de comunicación, además de promover, directamente, la lectura y la escritura, debería estar incluida en la currícula de la educación formal desde el nivel inicial. Muchos son los beneficios que conlleva la escucha de cuentos. Hoy compartimos una mirada científica, poco convencional, sobre lo que sucede cuando contamos y escuchamos historias.

Los cuentos y cómo afectan al cerebro

¡Por fin! ¡Por fin la ciencia confirma lo que los narradores orales ya sabíamos!
Se comprobó que cuando escuchamos un cuento, nuestro cerebro se sincroniza con el del narrador y nos pone en “la misma frecuencia”. Por eso, cuando el narrador se emociona, traslada ese sentimiento al oyente. Y por eso los cuentos circulan de boca en boca, de pueblo en pueblo y de generación en generación, desde hace miles de años, atravesando todas las culturas de la raza humana.

Desde el principio de los tiempos, los hombres se reunían frente al fuego para explicarse la vida y la naturaleza. Y los relatos se convirtieron en la base de la comunicación humana. Siempre, se creyó que era porque las historias unían, entretenían y eran el mejor sistema para transmitir la historia y valores de cada cultura, además de enseñanzas y consejos para sobrevivir. Pero, ahora, se supo que los cuentos tienen un efecto directo sobre el cerebro, ayudando a crear la sensación de experiencias y emociones. Por eso, cuando el héroe corre peligro nos angustiamos, nos llenamos de alegría cuando triunfa y sentimos odio ante el villano de la historia. Como si hubiera una correlación directa entre lo que pasa en el cuento y nuestra propia vida. El resultado es que nos emocionamos, sufrimos y nos compenetramos con lo que nos cuentan, creando un vínculo afectivo con ese relato y sus personajes.

¿Usted dice qué no? ¿Qué nunca lloró cuando le contaban un cuento? Y, sin embargo, es así, según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, en el que se expuso a once personas a la grabación de una historia. Los investigadores Greg Stephens y Uri Hasson, comprobaron que la actividad cerebral de la narradora y la de quienes la escuchaban era exactamente la misma: en ambos casos se activaban las mismas regiones del cerebro y al mismo tiempo.

Colectivo de Narradorxs Orales de la Argentina en el ECuNHI
Colectivo de Narradorxs Orales de la Argentina en el ECuNHI

Si bien en este estudio, las activaciones eran simultáneas, también, se registró que, en otras ocasiones, la activación cerebral del narrador ocurría segundos antes que en quienes lo escuchaban. O, incluso, había ocasiones en las que los oyentes parecían adelantarse a la continuación de la historia y experimentaban, con deliciosa anticipación, la actividad neuronal, antes que el propio narrador. Como cuando un niño espera ansioso y estremecido el momento en que –ya lo sabe- el lobo, disfrazado de abuelita, disparará el tan conocido: ¡¡¡Para comerte mejor!!!

Una posible explicación neurológica es que, en nuestro cerebro, hay unas neuronas llamadas espejo, que se activan cuando observamos a otra persona realizar determinadas acciones. ¿Notaron que cuando alguien bosteza y otro alguien lo está mirando, se le produce un acto reflejo y terminan bostezando los dos juntos? Ahí están las neuronas espejo haciendo su trabajo, disparando una reacción interna que hace que el observador se sienta como si fuese el protagonista.

Pero, no nos entusiasmemos tanto, porque, aún hay muchos interrogantes sobre la sincronización cerebral entre narrador y escucha. Y, además, los investigadores no están muy seguros del papel de las regiones cerebrales activadas mediante las narraciones. Sin embargo, este estudio no hace más que confirmar lo que los narradores orales ya sabíamos: que cuando contamos un buen cuento, nuestros oyentes se involucran en el relato a la par nuestro.

Ilustración de Vicente Stupía.
Ilustración de Vicente Stupía.

Aunque todos podemos contar historias (y de hecho todos lo hacemos, cada vez que decimos: ¡no sabes lo que me pasó hoy!), armar y narrar bien un cuento no es tan sencillo. Hay que elegir muy bien el tema, tener en cuenta al oyente, darle una estructura narrativa y, finalmente, hay que narrarlo bien. Para eso, podemos apelar a una amplia gama de recursos, tanto orales como de comunicación no verbal, para que nuestros oyentes se lleven el relato grabado en la memoria y la piel. Tal como nuestros ancestros los llevaron consigo, cuando los escuchaban en ronda, de noche y frente al fuego, y así –de boca en boca, de pueblo en pueblo y de generación en generación- llegaron hasta nosotros, en el siglo XXI.

Contacto: Facebook ColectivoNarradorxsOralesdeArgentina y colectivonarradorxsorales@gmail.com

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