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El arte de convertir lo sólido en fuego

Saltar del papel a la escena, como salta una niña de un columpio, haciendo equilibrio con las palabras para no caer en la desesperación de la finalidad de la existencia. Margarite Duras, en su libro Escribir, dice: “La escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir. Y con total lucidez. Es lo desconocido de sí, de su cabeza, de su cuerpo (…) La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida.”

Eso es lo que logra Virginia Innocenti con su biodrama Traducción de las noches, donde mezcla fragmentos de su vida ficcionalizados y fundidos en un musical que recorre la tesis de la obra de principio a fin. Junto a dos músicos que la acompañan, generando un clima intimista e hipersensible.

El territorio de Innocenti se asimila al de Duras, porque, son subjetividades deseantes, mujeres potenciadas que hablan de lo siniestro: la sombra que las persigue, como un fantasma, y las invade, pero que, también, las transforma deviniendo, cada instante, en una femeneidad diferente. Comparten, además, una certeza justa: la de testimoniar, la de contar sucesos propios. Duras escribe para no perderse e Innocenti para encontrarse. Por eso, forman, exquisitamente, una unión. Virginia parte de la escritura para, luego, pasar a la escena un recorrido de su vida, al igual que Margarite, que habla de su estadía en París, de su soledad, de algunas relaciones y de sus hábitos. Innocenti nos cuenta su nacimiento entre hermanos mayores, la fuente de baño karmática, su padre huyendo de Italia por la segunda guerra mundial y las consecuencias de dicho episodio, una madre oscura, su primera juventud, bajo la dictadura militar, y los tabúes de una crianza, siempre, teñida de arte y de un imaginario inagotable que aparece, todo el tiempo, como un salvavidas de creatividad, que crea un espacio otro: el espacio de la libertad y el goce.

Foto de Cristián Bonaudi.

Los anclajes temporales aparecen como huellas mnémicas que hacen reflexionar al espectador e imprimen emoción transferencial, que sólo es explicable entendiendo al espectáculo como una reflexión que evade el carácter posmodernista de la sociedad actual, para dirigirse a un sujeto colectivo: «lo personal es político» dice Virginia, citando la frase que ha popularizado el movimiento feminista, trayendo escenas de opresión patriarcal hacia las mujeres que han y siguen siendo naturalizadas por gran parte de la sociedad. De manera que interpela al espectador con una sutileza hábil, como la de los poetas, plasmando situaciones de universalidad humana, donde el entretenimiento pasa a ser un cuestionamiento político y ético, que conmueve y se agradece.

Para finalizar, cito a Julia Kristeva, psicoanalista, filosofa y teórica de la literatura y el feminismo: “Tal vez, ha llegado el momento de hacer surgir, precisamente, la multiplicidad de rostros y de las preocupaciones femeninas.”

Foto de Sofía Montecchiari.

Traducción de las noches

Ficha técnico-artística:

Autora: Virginia Innocenti

Actúa y canta: Virginia Innocenti

Músicos en escena: Gaspar Tytelman y Sergio Zabala

Diseño de luces: Leandra Rodríguez

Fotografía: Alejandra López

Redes Sociales: Gustavo Passerino

Asistencia general: Sofía Montecchiari

Producción ejecutiva: Mónica Paixao y Verónica Lutowicz

Dirección: Virginia Innocenti y Leandra Rodríguez

Funciones: domingos a las 19.30 hs.en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

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