Con Fervor

Argentina, el bastión de resistencia ante el mundo

Entrevistamos a Jorge Alemán, psicoanalista, analista político, intelectual, escritor, poeta y ex agregado cultural en la Embajada de España en el período 2004-2016. Hablamos sobre su visión de la Argentina -entre sus estancias en el país y en Madrid-, la coyuntura internacional, las elecciones en nuestro país y la política. Un repaso histórico, actual y a futuro.

Fervor: ¿Cómo se analiza, desde el psicoanálisis, la batalla cultural planteada en la Argentina y el mundo?

Jorge Alemán: El psicoanálisis, después del diagnóstico que formuló Lacan en 1972 en relación al discurso capitalista -del cual extraje muchas referencias para mis trabajos- ya no puede continuar con la idea de que el síntoma de cada uno, el goce particular fijado al sujeto, está en contraposición a un universal que es “para todos”. Como si el síntoma, el goce, las fijaciones particulares, fueran pura y exclusivamente singulares y del otro lado está el para todos. Porque, lo que Lacan muestra en esa especie de contra discurso que denomina Discurso capitalista, es un espacio megaconectado que se expande transversalmente y que muestra que se hacen lazos sociales, también, con el goce. Ya no se trata, entonces, de ese goce privado de cada uno, frente al para todos, sino que, en ese mismo para todos, se juega, también -y de allí la cuestión de homologar, de parte de Lacan, la plusvalía con el plus de gozar-, un nuevo tipo de lazo social, que se construye a través del goce. Y eso hace que se produzcan, en el campo de la política, nuevos interrogantes. Por ejemplo, medio mundo se pregunta por qué hay gente que vota por intereses que les son contrarios o por qué se toman decisiones que no parecen estar respaldadas en el principio del placer. No sabemos si el Brexit inglés o el independentismo catalán o las emergencias de las ultraderechas se sostienen en la idea de que la gente apuesta por sus intereses homeostáticos, vitales, sino que, tal vez, hay una especie de barrera que se ha disuelto en la civilización. Donde la pulsión de muerte, ahora, tiene un mayor campo de extensión y una operatividad nueva. Hasta tal punto que no es que la gente vote contra sus intereses, sino que vota por sus intereses, que, finalmente, no son los que en el imaginario histórico estaban previstos, es decir, “protegerte a ti mismo”. En muchos casos, los intereses tienen más que ver con el odio, con la destrucción y con dañar al otro, incluso, a condición de dañarme a mí mismo. No es seguro que el Brexit sea lo mejor para Inglaterra o lo que está pasando con Salvini en Italia o con Vox en España o, incluso, con Le Pen en Francia, estén relacionados con buscar lo mejor para cada uno. Pero, sí está relacionado con la idea que, desde siempre, ha tenido lugar en el imaginario social y que, ahora, el discurso capitalista explota muy bien, que es que hay un otro que roba tu goce, que se apropia de tu goce y, justamente, ese otro es el extranjero, el inmigrante, el partido político que quiere transformar las cosas, pero, eso es una pantalla, porque, en realidad, lo que quiere es apropiarse de tu goce. Este discurso se volvió sumamente eficaz en política.

F: Manifestaste que el capitalismo se encarga de crear deudores y culpables. En base a la batalla cultural, ¿creés que se logró generar este sentido de culpa en la sociedad argentina?

A: Esa es una matriz universal del neoliberalismo. Hay que tener en cuenta que Christine Lagarde dijo, un tiempo antes de irse del Fondo Monetario Internacional: “había un agujero en el techo y como el día estaba lindo nadie lo quiso reparar. Pero, ahora, viene la tormenta”, apelando al argumento de que se dilapidó, que se vivió por encima de las posibilidades, todo eso prepara un llamado al sacrificio colectivo y al estado deudor y de culpabilidad, que es esencial, para la matriz neoliberal. Para que el sujeto no emprenda ningún proyecto colectivo, sino que asuma, sobre sí mismo, todas las falencias del sistema. Lo muestra la misma propaganda electoral, diciendo que estás en la mitad del río. Pero, ¿quién te tiró a la mitad del río? ¿Por qué estás en el medio del río? ¿Por qué nadie repara en que uno no tiene por qué estar en la mitad del río? Es decir, ese llamado al sacrificio colectivo es correlativo de haber introducido una lógica donde, verdaderamente, el sujeto, siempre, está por encima de sus posibilidades y tiene que dar un rendimiento, tiene que transformarse en un capital humano, tiene que darse un valor a sí mismo, tiene que automaximizarse en su valor y nunca da la talla.  A la vez, nunca da la talla porque, por un lado, se le exige eso, pero no hay ninguna estructura que haga posible la realización de eso. Se le exige a los sujetos que den de sí, cuando no están dadas las condiciones para que eso sea posible.  Por eso, el término meritocracia me resulta muy encubridor, ya que forma parte de las estrategias neoliberales para encubrir la desigualdad.

En la batalla cultural, como vos decís, creo que los términos como autoayuda, meritocracia, resiliencia y empoderamiento son todos términos con los que habría que hacer un trabajo de revisión teórica.

F: ¿Cómo te parece que serán los próximos años en Europa? ¿Estará sumergida en corrientes de derecha que, hoy, están tomando preponderancia, desde el gobierno de Hungría de Orban, hasta el movimiento filofascista de Holanda e Italia o el mismo VOX en España?

A: Incluso, en el campo del marxismo hay un marxismo reaccionario que es xenófobo, que dice que los inmigrantes vienen a constituir el ejército de la reserva del que hablaba Marx, es decir, material para la explotación de los burgueses, que hay que recuperar a las familias, que hay que dejar de detenerse en los derechos de las minorías, o sea, en los derechos de los inmigrantes y de los LGTBI (Lesbianas, Gays, personas Transgénero e Intersexuales). Uno de los temas más interesantes a desentrañar es la aparición, en particular en Italia, pero también en otros países, de un marxismo, que podríamos llamar reaccionario, de Matteo Salvini. Dado que, por un lado, se presenta como anti capitalista, pero, por otro lado, tiene algo restaurador.  Realiza una operación de retorno a las identidades y pertenencias primordiales. Yo creo que esto tiene que ver con el carácter de mundialización del capitalismo, que produjo, efectivamente, un gran desarraigo, por lo cual, hay muchísima gente que no sabe a dónde aferrarse. El capitalismo no da puntos de anclaje, no tiene un principio civilizatorio para ofrecer. Y, por lo tanto, es muy tentador que surjan discursos que dicen: “nosotros vamos a volver a instaurar un amo” El discurso capitalista destruyó el discurso del amo. El discurso capitalista ya no permite que el psicoanálisis sea el reverso del discurso del amo, porque fue destruido. El capitalismo es un tipo de amo, que no necesita de los andamiajes simbólicos del discurso del amo. Entonces, ahí, la ultraderecha aparece con los valores de siempre: la familia, la tierra, la pertenencia y la identidad nacional. Y tiene un hueco grandísimo, porque mientras, por un lado, están Amazon, Google, Netflix y demás, que desarrollan un desarraigo estructural, por otro, aparecen estos discursos que proponen un retorno. La cuestión es que no hay ningún lugar al cual retornar. Y ahí es donde yo considero que los marxistas reaccionarios se equivocan.

F: En una entrevista manifestaste tu discrepancia con Ernesto Laclau acerca del populismo ¿Cuáles son las diferencias?

A: Bueno, yo pensé el populismo gracias a él, pero, mi diferencia con Ernesto es que yo no acepto el populismo de derecha. Para mí, el populismo es postmarxista. Y es el intento, en donde ya no hay un capitalismo fordista, de construir un movimiento emancipatorio. Por lo tanto, yo no acepto que Trump, Le Pen y Salvini sean populistas, pero, estoy solo en esta posición, porque ya perdí esta batalla cultural, donde se acusan todos entre sí de ser populistas. Yo creo que, así como el inconsciente, después de Freud, respondió a una estructura formal, absolutamente distinto de la palabra inconsciente, donde dejó de ser un adjetivo para ser una estructura, lo mismo pasó con el populismo, lo están usando como un adjetivo: populismo financiero. En España dicen populismo nacional católico y populismo para chetos. Ha tenido un régimen de circulación donde la han vaciado definitivamente.

F: ¿Hay expresiones nacionales y populares en Europa, como las conocemos acá?

A: Ese fue el intento de Podemos y la verdad es que tenemos que decir que fracasó, al menos por ahora. Digo por ahora porque, para mí, fue un gran disgusto. Porque su fracaso se debe más a los enfrentamientos internos. Ha sido más su interna la que los ha devorado. Es decir, el tipo de construcción política que habían hecho, teniendo en cuenta a Latinoamérica, teniendo en cuenta a Gramsci, a Laclau, teniendo en cuenta que ya no existía el sujeto histórico de la unidad a un proletariado que, teleológicamente, iba a cumplir con el proyecto revolucionario, desde el momento en que se dieron cuenta de que la izquierda tenía que ser nacional y popular y construir una voluntad de esas características. Fue muy interesante, el problema es que las internas los han empobrecido, mermado. Pablo Iglesias se ha volcado mucho a una concepción muy vinculada a las izquierdas históricas y Errejón sigue con su modelo más gramsciano, pero, han perdido fuerza con sus escisiones, con las purgas y con un montón de gente que se ha decepcionado. Tengamos en cuenta que Podemos había surgido del gran entusiasmo que fue el Movimiento del 15 M. Y, ahí, hay un problema que trabajé bastante en mis textos: el paso de los actos instituyentes a los momentos institucionales.

F: ¿Es lo que Enzo Traverso llama la melancolía de las izquierdas?

A: No, lo que yo intenté es usar la palabra duelo, porque, la palabra melancolía me parece de una nostalgia y una relación de identidad con la pérdida muy vinculado a una impotencia histórica de las izquierdas. Yo propongo tratar de hacer un duelo de la palabra revolución y tratar de introducir un nuevo tipo de lógica emancipatoria, que tenga en cuenta todas las cuestiones que abrieron Freud y Lacan respecto al sujeto.

F: ¿Cómo afectó al gobierno de Pedro Sánchez la ruptura de Podemos?

A: Ahí hay toda una cuestión. Pedro Sánchez debería haber formado una alianza con Podemos, pero, hay una fobia histórica del PSOE –estructural, te diría, desde la Guerra Civil Española-, de un imaginario que se parezca al Frente Popular de la Guerra Civil Española. Así que el PSOE, con todo lo que esté a su izquierda, tiene una relación problemática. El PSOE es uno de estos típicos partidos socialdemócratas, que basculan todo el tiempo. Se asemejan más al partido demócrata americano, según las circunstancias. A pesar de que, gracias a Podemos, no siguieron el rumbo de los partidos socialdemócratas europeos, trataron de mantener el semblante. A mi criterio, Podemos no tendría que haberse obstinado tanto en buscar lugares en el gobierno, sino, seguir en su propia construcción política y facilitar que Sánchez gobierne. La idea de volver a las elecciones y que les pueda ganar el pacto de las derechas -hay que ver que la ultraderecha ya les está marcando la agenda a la derecha, en Italia Salvini se los ha devorado a todos. A todo esto, no entiendo cómo los marxistas italianos pueden ver en Salvini una opción. Cuando algunos de los marxistas ridiculizaron a la capitana que salvó a los inmigrantes, me saltó la alarma y dije, bueno, yo soy un exiliado, no puedo estar con un marxista xenófobo. Volviendo a España, vamos a ver si, todavía, hay un margen entre el PSOE y Podemos o el PSOE y otras corrientes que están en Podemos, porque forman parte del mismo espíritu político.

F: ¿Qué opinás respecto a VOX y estos partidos de ultraderecha que se autoproclaman como el nuevo progresismo, corriendo a la izquierda que, históricamente, tuvo este lugar?

A: En relación a lo que decís, hay una frase dicha por el líder de la ultraderecha española de VOX, Santiago Abascal, muy significativa, dijo: “hace 40 años que los progres controlan lo que decimos”. Ellos se proponen como la desinhibición ahora, eso es una novedad, la ultraderecha era la constricción. Ahora, la ultraderecha viene con un discurso de no dejarse controlar, no estés todo el tiempo cuidando lo que decís, no seas políticamente correcto, no estés tan preocupado por decir algo machista o algo xenófobo o racista. El mandato ahora es: “Quítate el complejo, sé xenófobo, sé racista, sé machista”. Eso, si lo pensamos psicoanalíticamente, tiene mucha fuerza, porque es un modo de vehiculizar el goce, es el tema que estoy trabajando en mi seminario Fantasma e ideología en el Neoliberalismo, donde el fantasma toca la ideología, el fantasma logra morder a la ideología. Allí planteo de qué manera el fantasma logra morder a la ideología, porque le da al sujeto la posibilidad de decir: “si tú no eres racista, demuéstralo y lleva a los inmigrantes a tu casa”. Esto es ultraje y es sumamente peligroso. Y es algo que no está construido mediáticamente, porque, si bien en la Argentina, primordialmente, la construcción mediática es muy fuerte y se proyecta con mayor eficacia simbólica, la ultraderecha, en Europa, no está construida por los medios, está construida por segmentos de la población que se han sentido decepcionados por la política. Entonces, ese discurso de retorno, de recuperación de lo perdido, se les ha vuelto atractivo.

F: En una entrevista con Eduardo Aliverti, advertís, justamente, que la falta de construcción colectiva llevó a la xenofobia, al racismo y a diversas expresiones de ultraderecha a ser factores de atracción, cuando, por lo general, eran rechazadas electoralmente ¿Cómo ves esto, teniendo en cuenta que no dejan de aparecer consecuencias trágicas en los países dominados por estos líderes?

A: Está muy complicado, porque a Trump le va bien en la economía y Salvini les dio un cheque a todos los que no tenían trabajo. Y se complica, por otro lado, porque China está disputando la hegemonía económica y, por lo tanto, no hay tanto trabajo, o sea,  no hay muchas oportunidades de inscripción y las construcciones colectivas se aplican a Venezuela, en Europa, también.

Venezuela ha sido muy funcional, es increíble el trabajo que se hizo en torno a ella. Yo no me lo imaginé nunca. A Mélenchon, Corbyn y el kirchnerismo los comparan constantemente con Venezuela. El problema, entonces, es que instalaron el sentimiento, y no sólo mediáticamente, sino que hay un problema en la subjetividad misma, de que cualquier intento de cambio y transformación populista es catastrófico.

F: ¿Cómo ves esta batalla cultural en tiempos de elecciones, teniendo en cuenta los ataques políticos, mediáticos y judiciales que recibió la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y, sin embargo, es la candidata a vicepresidenta de la fórmula con mayores expectativas de victoria para este año?

A: A mí, eso me emociona y me genera una gran admiración. Y me parece que, gran parte del mundo, tendría que poner el ojo en Argentina, porque fue un legado histórico, que puede ir desde el 17 de octubre, pasar por Evita, las Madres de Plaza de Mayo y el feminismo. Cristina misma, que se haya mantenido operativa y no la hayan podido desactivar los medios, es un ejemplo político mayor. Es decir, es impresionante que, después de tantas operaciones, no hayan logrado destruir definitivamente el kirchnerismo. Hay que admitir que el peronismo tiene un problema de organicidad, en tanto nunca se puede constituir como un partido bien delimitado, pero, también, hay que reconocer que, en su movimiento, hay una capacidad de reactualización sorprendente. Podemos hubiera querido tener la capacidad de construir un bloque histórico como el que se acaba de construir.

F: Tenés varios programas con Pablo Iglesias, fundador de Podemos, donde hablan del peronismo y del populismo. En uno de los mismos, el propio Iglesias, destaca que es difícil comprender el fenómeno del peronismo ¿Creés que el peronismo es una experiencia única en el mundo, en cuanto al concepto de lucha de clases que mencionás, pese a las conquistas de América Latina?

A: Sí, pero ellos no tienen nada que ver. Hace poco, en uno de mis seminarios que dicté acá, hablaba con un colombiano del Partido Comunista de Colombia y me decía que si hay algo que distingue a la Argentina es el peronismo. Es imposible trasladarlo a otros lugares, tiene particularidades que no tiene ninguno de los líderes populares. Yo viví en Perú en la época de Alvarado, que era una especie de Perón para ellos. Pero, creo que el peronismo tiene algo muy raro, muy extraño, es como una especie de estructura simbólica, que va buscando distintos puntos de anclaje que se resignifican y, a veces, de una manera muy potente. Yo creo que el kirchnerismo fue muy potente en su resignificación del peronismo. Es más, yo creo que, de cierta forma, el kirchnerismo atravesó al peronismo. Hay un nuevo tipo de peronismo que es el kirchnerismo, que ya no es el peronismo histórico. Aunque, sólo era posible atravesar al peronismo desde el interior de este. Recuerdo lo que le dije a Pablo Iglesias ese día: “No se puede ser de izquierda en Argentina, siendo antiperonista”. Se podía ser de izquierda y no ser peronista, pero de izquierda y antiperonista es una imposibilidad.

F: ¿Cómo leés la Argentina hoy, el peronismo y el entusiasmo de la militancia que se renueva con las jóvenes generaciones?

A: Hay algo del peronismo con los pobres, una especie de soldadura que, cuando los pobres se empiezan a multiplicar y cuando se llevan adelante políticas de purgación y desamparo, el peronismo emerge bajo la forma que sea. Escuché el discurso de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en Rosario y no nombraron a Perón en ningún momento. Siempre creí que el kirchnerismo era una instancia que atravesaba al peronismo. En el último video que hago conversando con Axel Kicillof hablé de este tema. Pero sí creo, como vos decís, que hay algo en el sujeto político del peronismo que hace que,  llegado el momento, cuando el lazo social se destruye, es la construcción simbólica más potente, incluso de Latinoamérica, para tratar de recomponer y reconstruir el lazo social.

F: Hablando de Kicillof. En una entrevista manifestaste que sería muy importante que él gane la gobernación de la Provincia de Buenos Aires porque eso sería, definitivamente, ganar la batalla popular ¿Cómo lo pensás?

A: Sí, lo comenté como una revolución cultural, porque, pienso que eso es el peronismo y que Axel es un gran intelectual conectándose, sinceramente y de manera auténtica, con el pueblo. Esto es lo que es el peronismo y lo que hizo Kicillof, en su vida y en campaña. Lo hace desde el 20 de diciembre de 2015, cuando montó una charla en una plaza frente a miles de personas, 10 días después del golpe de la derrota en las elecciones de 2015. Me parece que lo verdaderamente peronista es esto, mandar a un joven que es medalla de oro, que tiene una tesis doctoral sobre Keynes muy importante, judío egresado del Nacional Buenos Aires, para representar al pueblo, porque él es el peronismo.

El peronismo se realiza, también, de esa manera, conjugando lo popular y lo plebeyo con la excelencia. Y, por eso, también, creo que, en ese espacio nacional y popular, hubo grandes intelectuales. Pero que gane Axel la provincia es ganar, definitivamente, la batalla cultural.

F: En Argentina se gestó una juventud que milita a favor de causas sociales, desde la Interrupción Voluntaria del Embarazo, pasando por el Ni Una Menos, hasta la lucha contra los cierres de los profesorados y el proyecto, próximo a aplicarse, de La escuela del futuro ¿Cómo describís a esta juventud que no, necesariamente, está ligada a un partido político?

A: Sorprendente, lo veo fantástico y pienso que es un gran trabajo político tratar de articular eso. Lo veo como un movimiento espontáneo y, también, como un factor de resistencia a las políticas de este gobierno. Y es un deber de la militancia encontrar la forma de que eso se articule políticamente con un proyecto. Como la postulación a legisladora de Ofelia Fernández en la Ciudad de Buenos Aires.

F: Desde que asumió el gobierno Mauricio Macri, hubo un gran golpe a la cultura, desde el desfinanciamiento al INCAA, pasando por el cierre y baja productividad de diversas editoriales e, incluso, el ahogo económico a la cultura independiente ¿Cómo analizás estas políticas?

A: Es una masacre cultural construida desde arriba. Pero, Argentina tiene recursos insólitos, porque estuve en el interior, en distintas provincias, y nunca faltan locales en donde se reúne uno con un montón de gente, donde filman la intervención, son cosas que en Europa serían dificilísimas de lograr. De golpe, en Argentina, se crean doscientas pequeñas editoriales. Es impresionante ver esta forma de resistencia en la batalla cultural, de cómo se deterioró tanto todo lo que tiene que ver con lo cultural, al que el kirchnerismo le prestó muchísima atención. Y, gracias a eso, a esa huella que quedó, ahora, con estas políticas de exclusión, oficialmente no hay nada, pero, llegás a una provincia -por ejemplo, estuve en Paraná- y hay una multitud enorme que, además, graban las conferencias y eso es maravilloso. Por ejemplo, en Madrid, apenas tenemos una sala con veinte sillas. A mí no me deja nunca de sorprender los recursos que tiene la Argentina y la cantidad de gente joven que tiene una verdadera pasión cultural. Señalo que, por sobre todo, no han logrado tocar esa capa que está abajo y que se mueve en distintas direcciones y, además, con mucha seriedad. Porque, hablo con muchos jóvenes y las preguntas que me hacen son sumamente pertinentes. Yo no podría pensar sin esos pibes.

F: ¿Qué se juega en esta elección presidencial?

A: Se juega una estructura de poder que no es hegemónica -otra contradicción que tengo con los laclaucianos-, que es el macrismo, que son puros dispositivos de poder y que no obedece a ninguna secuencia histórica y no tiene ninguna edad histórica atrás. Confrontado con un proyecto, que es como una introducción a una posible hegemonía, a una construcción de un posible bloque cultural, con el antagonismo mínimo, que ha organizado el Frente de Todos. La totalidad no existe. Siempre es necesaria, por un lado, e imposible, por el otro, no hay una totalidad idéntica en sí misma. Así que algún antagonismo tiene que circunscribir. El antagonismo fueron las LELIQ, la financialización y los bancos. Yo creo que lo que se juega es eso, un dispositivo de poder. Uno, para proteger los poderes financieros, que es lo único que ha hecho este gobierno, que ha llevado a la Argentina a hundirla financieramente. Y, del otro lado, el retorno de los políticos.

F: ¿Y, a nivel mundial, en qué incidiría si ganara la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner?

A: Tengo muchas dudas sobre eso, porque, seríamos de nuevo el punto donde se centra todo el precedente de un gobierno nacional y popular. Con un orden mundial completamente antinómico a nosotros. Tenemos en Brasil a Bolsonaro, gran parte de América Latina obsesionada con la destrucción de Venezuela y, además, tenemos, en Europa, la ultraderecha y, en Estados Unidos, a Trump. Seríamos de nuevo el lugar por donde el hilo se cortó. El tema internacional es lo que más me preocupó en estos días, porque, cuando estás acá, lo internacional se disuelve. Pero, yo vivo allá, entonces, digo, Dios mío, acá se está produciendo algo que en ningún lugar del mundo es así. El mundo va más bien al caos. El PSOE está a punto de que se caiga todo a pedazos y retorne la derecha a España. Y, de golpe, acá, se produce un corte, un quiebre de lo que sucede en la gran parte del mundo. Aunque Alberto Fernández sea un hombre moderado, con un orden, que entiende muy bien las bases que tiene que jugar, lo que se está gestando en Argentina es muy importante.

F: ¿Cómo analizás la campaña de Mauricio Macri y su competitividad en esta elección? ¿El verlo gritar un día y llorar al otro es una actuación o te parece real?

A: En principio, está en carrera por lo que hablamos previamente, los intereses ya no constituidos por la lógica histórica del bienestar material. Además de eso, se le suma la cuota antiperonista que, siempre, está muy presente y los sectores pequeños que fueron beneficiados por sus políticas y hacen mucha propaganda para su reelección. Respecto a su campaña y estos dos momentos que mencionás, no lo veo actuado, pienso que es un hombre que está atravesado por una cierta desesperación. Lo que veo de coaching, y es bastante burdo, es eso de cruzar el río, no volvamos para atrás, me parece y siempre me pareció bastante elemental. Me parecen un grupo de tareas, que vinieron a hacer lo que querían hacer, no fracasaron, porque lograron hacer lo que se propusieron. Pero, sí creo que se autoengañaron con la ilusión de las inversiones. Respecto al lugar en el que se lo pone a Durán Barba, me parece lamentable, porque, no me parece para nada innovador lo que planteó como respuestas. La pesada herencia y demás clichés los escuché desde siempre, desde el oro de Yrigoyen y las bóvedas de Perón.

F: Recomendaste la serie Years and years, que parte de la coyuntura actual europea: inmigración, desempleo, racismo y dirigentes de ultraderecha. Con el transcurso de los capítulos, van pasando los años y se muestran grandes estallidos en la sociedad ¿Creés que vamos encaminados a ese mundo?

A: Sí, claramente, es esto de hoy en día, pero consumado. La vi en una noche y quedé impactado. Porque, en la serie se plantea algo que ya se ha consumado, nada lo ha detenido, no te preguntes como pasó, porque ahora se va a realizar y se está realizando ¿Viste que los personajes, a cada rato, se preguntan: pero cuando pasó todo esto? Es muy probable que vayamos hacia ese lado. Una Europa llena de campos de refugiados, un montón de gente que ya no sepa para dónde ir. Es muy probable, porque yo no sé si el discurso político va a encontrar el suficiente investimento libidinal como para poder ocupar un rol central en la vida de la gente. Porque tengo mucho miedo de que la política se vuelva una especialidad más. Por eso, me apasiona Argentina y todo lo que pasa acá.