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10 años de historia y tango

-Querido Gato:

Siempre me he honrado con tu amistad. Mucho más ahora que ha pasado tanta agua debajo del puente. Ahora, repito, sólo me queda pedirle a Dios que te dé tranquilidad, y a mí, que no me desampare. ALGO HEMOS HECHO PARA MERECERLO.

Te abraza. Pichuco                                              19 de junio de 1967.

Con esta breve esquela, escrita por Anibal Troilo, Pichuco,  a  El Gato Astor Piazzolla, como lo había apodado, por lo inquieto, daba por tierra todo tipo de especulaciones, que circulaban en el ambiente tanguero, sobre la enemistad existente entre ellos. Y si algo faltaba para dejarlo más en claro, en 1970, el sello discográfico RCA Víctor propone, a Aníbal Troilo y Astor Piazzolla, grabar un dúo de bandoneones histórico para la música argentina. Así fue que Pichuco y El Gato se encontraron en los estudios del barrio de Saavedra para realizar la grabación antológica de los tangos Volver y El Motivo.

Astor Pantaleón Piazzolla, que había nacido en la ciudad de Mar del Plata, vivió en Nueva York, donde estudió música y los primeros rudimentos del bandoneón, instrumento que su padre, Vicente, le había comprado, en una casa de empeño, por 18 dólares. Diría Piazzolla, en un reportaje, años más tarde: “De algún modo, lo que soy se lo debo a esos primeros años en New York. Aquello era el mundo que se vio en Los Intocables: la pobreza, la solidaridad entre paisanos, la ley seca, Eliot Ness, la mafia… En fin, yo era muy atorrante, no me gustaba mucho la escuela (me rajaron de varias) y andaba mucho por la calle. Ese ambiente me hizo muy agresivo, me dio la dureza y la resistencia necesarias para enfrentarme al mundo y, sobre todo, a las bataholas que veinticinco años después iba a levantar mi música”.

Para 1940, Astor Piazzolla ya había participado en algunas orquestas, como la de Francisco Lauro. Con 19 años de edad, pasaba las noches en el Café Germinal, de la calle Corrientes 942, de la ciudad de Buenos Aires, escuchando a Anibal Troilo y su orquesta. Así fue que conoció a Hugo Baralis, uno de los violinistas de esa formación que, en los intervalos, bajaba del palco y tomaba un café con él. Astor le contó a Baralis que conocía los arreglos musicales de memoria y que su sueño era ingresar a la orquesta de Trolilo. Baralis respondió: “Sos demasiado pibe, y al Gordo le gusta tomar gente con experiencia”.

Una tarde del año 1941, Juan Miguel Toto Rodríguez (bandoneonista) estaba engripado y había que reemplazarlo. Astor lo supo por Baralis y vio la oportunidad. Fue hasta su casa, que quedaba cerca, y volvió con su bandoneón. Se le acercó al Gordo, con el fueye entre las manos. Pichuco, que ya estaba al tanto de todo, le dijo: “¿Así que vos sos el pibe que conoce todo mi repertorio? Ya me lo contó Baralis, bueno, subí y tocá”. Cuando acabó el ensayo y todos se bajaron del escenario, Troilo se le acercó y le dijo, simplemente: “Pibe, sepa que nosotros actuamos con pilcha azul, ya lo sabe”. Esta y muchas otras anécdotas las cuenta Natalio Gorín, en su libro Astor Piazzolla, A manera de memorias.

En 1944, Astor Piazzolla le anuncia a Anibal Troilo que dejaba su orquesta, la que integraba apenas hacía 3 años y en la que, también, se había afirmado como arreglador. Recuerda Astor, que Pichuco era incapaz del más mínimo gesto hostil hacia nadie, pero, esa vez se enojó y mucho: “Hasta su madre, doña Felisa, me llamó por teléfono para hacerme desistir de la decisión, pero que no la atendí, no pude”. (…) “La única verdad es que yo quería tocar mi música, estaba harto de que se me tacharan los arreglos y de la vida del cabaret”. Astor estaba en Roma cuando, en 1975, Troilo murió. A los pocos días de fallecer Pichuco,  compone la Suite Troileana, obra que comprende cuatro movimientos y amores de Anibal Trolilo: Bandoneón, Zita  (su esposa), Whisky y Escolaso.

Desde 1966, la Argentina vivía en dictadura, la que se había autodenominadao Revolución Argentina, bajo el mando del dictador general Onganía. En 1969, los procesos populares, conocidos como El Correntinazo, El Rosariazo y, posteriormente, El Cordobazo, precipitaron la caída de Onganía. Así es como llega un golpe dentro del golpe y asume un nuevo dictador, el general Levingston. Quien, a su vez, tras otro movimiento social y popular llamado El Vivorazo, en 1971, es desplazado por otro dictador, el general Lanusse. Este último, tratando de salvar la imagen del ejército argentino y ante una situación insostenible desde lo económico y social, decide levantar la proscripción del partido Peronista, convocar a elecciones y, de este modo, crea el GAN (Gran Acuerdo Nacional), pero, este acuerdo fracasa. Perón dirá: “era lógico que fracasara, porque era muy mezquino, intentaba salvar la imagen del ejército y lo que había que salvar era a la República”.

El 22 de agosto de 1972, son asesinados, en la base de la marina de Trelew, 16 presos políticos. Era una muestra, por parte de la marina, de hostilidad hacia el peronismo y las políticas de Lanusse. Este último, intentando tomar la delantera, dice: “a Perón no le da el cuero para venir a la Argentina”, pero, al viejo líder sí le dio el cuero y regresa el 17 de noviembre de 1972. Una vez más, alardeando, Lanusse dice: “en nombre de la pasificación tendré que tragarme el sapo de hablar con Perón”. El 11 de marzo de 1973, Lanusse convoca a elecciones y Alberto J. Cámpora (delegado de Perón) será candidato por el Frente Justicialista de Liberación. El 25 de mayo de 1973, asume con el 49,5% de los votos la formula Cámpora – Solano Lima. Quienes, tras su renunciamiento, permiten elecciones libres sin la proscripción de Perón. La fórmula Perón – Perón asume con el 62% de los votos el 12 de Octubre de 1973. Tras la muerte de Juan Domingo Perón, el 1 de Julio de 1974, asume la primera magistratura Isabel Martínez de Perón.

Cuenta Daniel Piazzolla, en un posteo de Facebook:

“El día que Zita, la mujer de Pichuco, le entrega a Astor uno de los bandoneones de Troilo, fue en el boliche La ciudad, que estaba en Talcahuano, entre Charcas y Santa Fe, creo que fue en diciembre de 1975. Tocamos con el octeto electrónico y estrenamos, allí, la Suite Troileana. Recuerdo la foto del octeto y Astor, con Zita adelante y los dos bandoneones encimados, el de Astor abajo y el de Troilo arriba. ¡Fue un concierto impresionante, había gente hasta colgada hasta de los techos! ¿Cómo termino la noche? ¡No lo entiendo! Fuimos a cenar al restaurante Fechoría, de Córdoba, casi Acuña de Figueroa, Astor, Palito Ortega, Julio Iglesias, Andrea, mi cuñado y yo! Hablamos toda la noche los cinco y el bandoneón del Gordo, como mudo testigo de esa cena, de por sí extraña! Recuerdo a Palito, queriéndome prestar un sintetizador que tenía y que, a la vez, me decía que no sabía cómo funcionaba. Volví en mi auto, un Fiat 1600 color naranja, con Andrea, mi cuñado y el bandoneón del Gordo Pichuco, a mi casa de la calle Moreno 1565. Cuando estacioné en la cochera del edificio, toqué un par de acordes en el fueye de Troilo y hasta Lalla (esposa de Daniel), en el quinto piso, se despertó ¡Sin duda, noche digna de una película de Federico Fellini! Un par de meses después, saliendo del boliche La Ciudad y subiendo por Charcas rumbo a Callao, para cenar en El Tropezón, mi viejo y yo, sentimos un temblor en la calle, acompañado por un ruido terrible y, al cruzar por Montevideo, vimos que venían, desde la izquierda y a contramano, dos o tres enormes tanques de guerra, era la madrugada del 24 de marzo de 1976, comenzaba la dictadura”.

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